Felipe “Pechito” Romano, eternos laureles en nuestra Liga y en la vida

Fue un ser humano magnífico, un tipo noble, “un león” como lo nombran sus ex compañeros, “un consejero”, para los más chicos, e imprescindible para un equipo que quiera gol.

La leyenda nació un 9 de julio de 1950 en La Plata y falleció en la misma ciudad el 13 de mayo de 2009, a la edad de 58 años, cuando lo venció un problema pulmonar.

El apodo de Felipe Romano por el cual todos los liguistas lo conocimos, nació de su forma de juego, cada vez que pivoteaba como centrofoward, bancando la “globa” de espaldas al arco, donde ejercía su control con el “pecho” y luego la sacaba para un compañero o con un cañón teledirigido a los arcos. Veinticinco años de Liga, con tres títulos en distintas instituciones. En orden, los torneos conquistados empiezan en 1978 con Trabajadores Municipales; San Martín de Los Hornos en 1983 (primer título y Regional de AFA como capitán), Everton en 1988 y nuevamente celebra con San Martín ascendiendo en 1990.

Se metió en nuestra historia como uno de los delanteros más eficaces de la Liga Amateur Platense de Fútbol, (aunque no hay estadísticas que certifiquen en qué posición está en el ranking de goleadores). Pero este rincón de nuestra página, amable con la gente que nos hizo bien, recuerda al hombre, al padre de una familia que conformó con su amada Edith y que dieran vida en abundancia con Marisel, Hernán y Fernando, los tres hijos.
El deportista que trabajaba de lunes a viernes y el sábado se entregaba a la pasión de la pelota. También fue avezado en lo laboral, primero en herrería y luego en un taller del automotor con especialidad en tren delantero que hoy continúa un hijo en 28 y 43.

Puro potrero. Romano ante Estrella

“Pechito”, en esencia, era un Tano, de esos que no hablaba tanto pero si tomaba la palaba era de calar hondo. Y en la cancha, en cuanto se acomodaba, “pum”, había nacido con la condición natural del definidor letal.
En tiempos de canchas abiertas en la periferia, campitos que hoy fueron sustituidos por predios privados de fútbol, el 9 se anotaba con ese espíritu entusiasta para gambetear rivales, matas y pocitos con el instinto puro del potrero. Contaba con un grupo con el que iba “para todos lados”: El Chango Martín Cárdenas, el Lobo Ruben Millán, el Peche Gómez y el arquero Vergini.

Con Miguel “Peche” Gómez compuso una de las fórmulas de ataque más temidas por las defensas del amateurismo local, los dos juntos para salir triunfales más veces que perdidosos en los tres equipos antes nombrados.
Fue más feliz pisando el sagrado pastito de la cancha de 58 y 145, el campo de deporte “Juan Carlos Santoro” del guerrero San Martín, el barrio de crianza, ya que Felipe “nació” a dos cuadras, en 58 entre 147 y 148. A los 33 años aportó para el campeón de la A, y a los 41 para el subcampeón de la B que devolvió al Celeste a la divisional máxima, donde se retiró en 1992, a los 42. Es el máximo goleador de San Martín.

A los 42, despedida especial en la sede de San Martín

Fue histórico el aporte que ex campeones de San Martín le brindaron a Everton cuando el “Decano” encaró su vuelta a las competencias tras siete años de desafiliación. Salieron campeones de ese torneo de Ascenso de 1988 con “Pechito” anotando 10 goles en sus 11 partidos, con una camiseta evertoniana que también llevó con orgullo. Curiosamente, Everton fue local en San Martín.
Con su sangre italiana, heredada del padre italiano (Salvador, que había venido de Sicilia), y tal vez la razón por la cual el “figlio” no llegó más lejos con la pelota…. “Pesó más la decisión del jefe de familia, que le decía: ‘Felipe, ¡tenemos que laburar’!”. En esa década del ’60 en que podía proyectarse, cuando el tren no pasa dos veces en el deporte más popular de los argentinos. Claro que en esa etapa ser futbolista era visto como un divertimento y no aseguraba el porvenir.



Fue tal la magnitud de su persona que más de una vez le ofrecieron ser DT, pero no aceptó. Quedó como el Gran Capitán, el tano infaltable a la hora de meter y exigir personalidad ganadora. Y se dio el gusto de jugar al lado de un sobrino, Marcelo Romano, en la primera división sanmartiniana. Lo vieron siempre los sábados de Liga y los domingos de fútbol profesional con su Pincharrata en el viejo estadio, siendo habitué de la platea techada de 115.

Aquí, su recuerdo está latente, especialmente en un día como el de hoy, un 9 de julio en que nació el “9” de alma, uno de los próceres del fútbol liguista, un grande por los valores que, como sabemos, exceden largamente al historial de resultados.

Pergamino en el final de su carrera en San Martín