Restan unas horas para un fantástico reencuentro de campeones, este sábado 3 de mayo, a las 15 horas, cuando el hincha los vea entrar a la grama de la calle 58 y 145. Una generación de jugadores que hace 42 almanaques daban alegría y se demostraron que “la vuelta” era posible. Son parte de esta escuela de vida, así de simple. Un club que contuvo y que lo sigue haciendo cada vez con más pibes, más familias.
El evento es impulsado por la Liga y el club abre sus poros, y su infraestructura, para disfrutar del ciclo de Los Grandes campeones de la historia.
Sentimos esta experiencia como una forma de volver al pasado y darnos cuenta del valor de un grupo compacto, de un club de barrio que en este caso es un barrio entero y que, en efecto, nació en 1950 cuando se veían las 45 primeras casas con un estilo inconfundible: las del barrio Obrero. Nació este San Martín el 16 de junio de 1950. Fueron voluntades que realizaban todo tipo de funciones.
Con Ramón Pastori elegido primer presidente, arrancó el día uno, como una verdadera organización, de los libres del pueblo. Como dijo Osvaldo Dameno (22/1/1950), “impulsados por la política de Perón, una gran pegada… porque fomentó el crecimiento de los barrios a través de los centros de fomento, que pasaron a ser clubes”. Este buen vecino estaba signado por el escudo de San Martín, ya que estaba gateando con cinco meses cuando la institución abrió sus puertas y frente a su casa, 60 entre 143 y 144.
Esos clubes si bien no estaban directamente vinculados con el Estado, cumplían la función de nexo. Vale decir que San Martín fue reunión de la culturales, de los bochófilos y de los que bailaron con alguna orquesta o grupo musical. Pero algo más grande estaba en su esencia: fue el motorcito para llegar a quien corresponda con todas las obras públicas como el agua corriente, el gas natural, las cloacas, las calles asfaltadas. “Era todo campo, acá se terminaba el mundo”, evocan. El tranvía 5 llegaba a la calle 137… y hacia el fondo, a pie, se llegaba al Club.
Y es una escuela, como dijimos, pero con otra propuesta educativa, porque la Escuela Primaria 116 comenzó en sus instalaciones. Imagínelo… Y también a un grupo de gente preguntándose por el próximo partido. Torneos relámpagos. Alberto Ferreyra (18/4/1944) todavía era un muchachito, y en el futuro un señor dirigente que fue voz y voto en todos los cambios que llevaban a San Martín a ser un poco más grande. Incluso, al entrar a la Liga Amateur Platense de Fútbol. Una tarde de sol, en el recinto del vestuario, le contaba a este periodista que “con el equipo de barrio habíamos ganado diecisiete torneos, ¡después de eso entramos a la Liga!”.
Dos veces salió campeón San Martín, 1983 y 2013. La primera de esas estrellas se asoma en este otoño cálido, con los protagonistas que ya están citados para el disfrute, como cuando “El Conejo” Ferreyra les hablaba con su carisma y firmeza. Aquel ’83, el torneo lllevó el nombre de Manuel López Torres (en memoria de un dirigente de la casa liguista).
A muchos de sus ex jugadores ya les cambió el cuerpo, el cabello, y algunos también faltan en este plano. Pero este evento nos permitirá verlo desde la dimensión del espíritu. Llegarán a la cancha que tornaron áspera, pero donde tocaron lindo. Imbatibles durante 1982 (subcampeones) y 1983 (sueño cumplido), dos torneos que por el capricho de un destino llevó la última fecha del Cuadrangular Final contra Estrella, “Las Cebras”, en el campo de juego de Villa San Carlos.
Algunos ya tuvieron los ojos nublados de la emoción retenida en el tiempo. Adelantaron la fiesta en una nota que preparó “La Previa de la Liga”, un programa hecho por el hornense Darío Russi, un hincha del barrio, que se suma a las sorpresas. Faltan horas. Es el 3 de mayo. Nada más atractivo que recordar el pasado, volviendo al mismo lugar donde pasó todo.

Juan Nicolás Aimola vive detrás de un arco, cruzando la 144 bis. Cuenta con nostalgia y sentido de pertenencia como pocos: “Soy uno de los pocos que va quedando… Mi viejo era uno de los fundadores y me ponía a picar ladrillos para hacer contrapiso de la pista del club, igual que don Manuel Ferreyra“, quien le inculcaba a su hijo Alberto, el “Conejo”, que agarrara un martillo y haga patria por ese club del barrio naciente.
En 1967 fue un salto enorme, la responsabilidad de disputar la Liga Amateur Platense. Ingresó directamente a la Divisional A (no había ascensos y apenas catorce instituciones eran el universo de nuestro fútbol). No fue fácil, ya que “hubo gente conspicua del Club a la que no le gustaba que juguemos en la Liga”, desliza un memorioso. La razón, como tantas veces, fue que costaba sostenerse, y además sin cancha y una sede donde había que pagar los servicios. El país a fines de los ’60 ya era otro. Pero una figura clave apuntaló el ingreso y fue el periodista “Lucho” Bravo, quien charló con el presidente celeste Juan Carlos Santoro. Los primeros dos torneos de locales en el predio de Ferrocarril Provincial, 52 y 131 (donde hoy está Talleres).
Y en 1969 el sueño de la cancha, a través de “un convenio con el Ministerio de Educación”, recibiendo el espacio que antes fue terreno pelado, campito, entre 146 y 144, entre 58 y 57. Dos tareas al mismo tiempos, la cancha cerrada y la construcción de la Escuela 116.

“Recuerdo haber participado del pedido de las tierras” agregó Dameno, quien puede “ver” las motoniveladoras, que dejaron liso el campo de tierra. Metimos los arcos y empezamos a entrenar. Para el lado de 146 era todo campo, y también hacia 44, eh”.
Luego sería bautizada con el nombre de quien “maquinó” y gestionó, don Santoro, que tendrá un hijo en 1a pero más adelante.
De a poco, empezaron a hacerse construcciones precarias, enfrente al Barrio Obrero. De pronto, San Martín era local y cada vez más gente ya se acercaba a alentar con las primeras banderas celestes y blancas.
En las primeras formaciones aparece Ruben Amico (19/2/1939) que con orgullo puro dice “yo era el 3 y jugaba al lado del Conejo, que era el 6”, primero nos costaba sacar un empate”. El “Chueco” a pesar de los años, y de los problemas de salud que lo movilizan en muletas, quiere estar en el reencuentro con esos cracks del ’82/’83 que le dieron una alegría cuando el crack ya era dirigente.
Estadísticas infalibles son la de Eduardo Morales (¡personaje de toda la Liga!) que manda por wathsapp un papel con números de aquella temporada 1967: San Martín en 26 fechas sacó 11 puntos, anteúltimo, para arrancar, pero a la “cola” fue Villa Montoro, otro debutante, con 7 unidades. El trofeo fue conquistado Los Tolosanos con 40. Una perlita: jugaba Riachuelo, probablemente el primer rival clásico de San Martin, por la sencilla razón de la cercanía con la cancha que usaba en 60 y 143, donde hoy está el barrio Decano Funes.

Un rasgo del nuevo club liguista fue la calidad de los jóvenes, “esas Cuartas que había…” La anécdota que habla del potencial es una del torneo de 1974, de visitantes en Curuzú Cuatiá, ante rival que iba a ser campeón. Ese día, por la mañana,, se enteró Adolfo “Pachi” Rapetti (17/5/1928), el director técnico de San Martín, que un grupo de los mayores del plantel jugó un partido de barrio. “Se enojó y los limpió, así que jugamos siete pibes de la Cuarta en la Primera”. afirma Néstor “Lucho” Selgas, que batalló con 14 años en el mediocampo. La rompieron también Néstor Bastone (después fue fichado en Racing), “Beto” Medina, Ovejero y “Mincho” Cruz. El primer tiempo fue 2 a 2 y recién un gol del “Flaco” Lachalde dio el triunfo a los de Villa Elisa.
Muchos señalan que “Pachi” Rapetti era un win zurdo genial, que jugó hasta una Cuarta Especial de Estudiantes, como también quedó el elogio para habilidosos del barrio como “El Negro Cotingo” Rojas, figura de San Martín en el ataque de los ’60 y ’70, al que “Kiko” De Mario (ídolo de Lanús y vecino de la cancha del Celeste) un día lo llevó a probar al gran club del Conurbano bonaerense, “pero no quedó porque además de genio, era vago”.

1983: ES LA HORA DE GANAR (Y DE JUGAR)
Ferreyra tenía 39 años cuando el equipo marchaba a paso firme hacia la consagración. El “Conejo” ya casado y con dos hijos chiquitos, cerca de Marta cada vez que empezaba a jugar la Primera. Un matrimonio de larga vida, hasta el adiós de Alberto, que sucedió en 2021.
Lo que pasó en el torneo del ’83 fue una sensación grande desde antes del debut. Esta no podía escaparse. Había vuelto “El Tito” Favant y “Galletti” Ramírez —ambos de un préstamo a Tricolores—. El DT de la primera se la jugó con los valores que había nucleado “Marasco” (apodo del DT que tenía a las Cuartas). “Me gustaría destacar la tarea de Víctor Medina, su tarea nos permite tener jugadores que en su mayoría corresponde al semillero que él ha sembrado. La Cuarta en los últimos tres años logró tres títulos”, opinaba. Jovenes de buen pie y fuertes para la lucha liguista.

Afuera, sin tribunas pero con mucho aliento, el barrio estaba eufórico cada sábado. Terminaron primeros en la Zona A, con 20 puntos, uno más que El Cruce (el otro clasificado, el rival más duro); y por la Zona B abrocharon el pasaporte de las vecinas ciudades Estrella (el verdugo del ’82) y Pettirossi. Un Cuadrangular que tuvo muy buen marco de público, y terminó el 3 de diciembre cuando el Santo estuvo loco de felicidad.
que hoy serían presas codiciadas para cualquier club de la órbita profesional. Vamos al plantel, con fechas de nacimiento:
Juan Leguizamón (24/6/1966), Roberto “Bochi” Favant (10/3/1964), Justo Alejandro Pacheco (23/6/1964), Juan Carlos Taranto (12/10/1962), Héctor Eduardo Cruz (8/10/1961), Néstor “Lucho” Selgas (02/09/1961), Carlos “Mono” Torres (01/10/1961), Gervasio “Tito” Favant (24/9/1960), Eduardo “Lalo” Marchesi (28/11/1959), Juan Ramón “Mincho” Cruz (8/2/1959), Pablo “Beto” Medina (1/4/1958), César Ramírez (9/11/1958), Armando Ramón Nuñez (13/12/1957), Ignacio “Cacho” Ledesma (7/12/1954), Daniel Rapetti (7/3/1954), Ricardo Marchesi (17/8/1953) y Carlos Alberto Deciste (18/7/1953), ¡todos formados en la casa!
Los que se sumaron de distintos clubes: Hugo “Uruguayo” Peralta (3/10/1954), Ruben “Lobo” Millan (1/4/1953), Horacio Martín “Chango” Cardenas (6/2/1950), Felipe “Pechito” Romano (9/7/1950), Miguel “Peche” Gómez, y el más veterano, Víctor “Kukú” Villalón (clase 1947).
El once base del Cuadrangular tuvo en mayor parte de los encuentros a Balparda; Ledesma, Selgas, Nuñez, G. Favant; Deciste, Medina, Peralta; Ramírez o Millán o E. Cruz; Gómez y Romano (capitán).
Miguel “Chiche” Brizuela fue el ayudante de campo del entrenador Ferreyra.
El “trío” del Chango, Pechito y Peche venían de ascender con Trabajadores Municipales y unos años después de San Martín ayudaron a que Everton vuelva a la A, a pedido del amigo Walter Casamayou (entonces ya trabajaba de periodista, y si bien firmó en San Martín y fue al banco no alcanzará a jugar oficialmente).
A fines de septiembre causó asombro en el plantel la propuesta de la subcomisión de fútbol, que volvió de una reunión de la calle 6 Nro 1387 con una noticia “bomba”: el 16 de octubre debutaban en en el Torneo Regional del Consejo Federal, que otorgaba un ascenso directo al Nacional A de 1984 de la primera división de AFA. No podía afrontar los costos el campeón del 82, Estrella.
Para encarar ese desafío Ferreyra llamó a refuerzos de otros equipos: el arquero Julio Marcos (13/7/1953), el 9 de Unidos de Olmos, Miguel Melendez (24/2/1954) y un defensor de Deportivo La Plata, Jorge “Chiche” Deplácido (15/5/1948) que ya había jugado en San Martín.
Insólitamente, de octubre a diciembre todos los fines de semana (salvo suspensión por lluvia, que hubo varias en noviembre) San Martín afrontó doble competencia. A Chivilcoy, Campana, Bragado y Mercedes, rivales armados con anticipación, los enfrentó con 24 horas de diferencia entre un partido (de la Liga Amateur) y otro (de un certamen semi profesional).
“Me acuerdo jugar un sábado con calor y volver a jugar el domingo y le hacíamos partido a casi todos en el primer tiempo”, explica “Tito” Favant. Un ejemplo para destacar: el sábado recibieron a Estrella y lo golearon 7 a 1 (resultado inexplicable viendo que era el campeón y otra vez finalista) y al otro día recibieron a Belgrano de Zárate bajo lluvia torrencial, en el estadio de Gimnasia y Esgrima La Plata donde el club hornense fue local los cinco partidos.
Los domingos no se daban los resultados por el desgaste y porque en los rivales tocó ante grandes del interior, que traían figuras. En Juventud de Campana atajó Agustín “El Mono” Irusta a los 41 años (cuatro veces había sido campeón en San Lorenzo de Almagro).

“San Martín debería ser un club más grande todavía”, afirma Héctor Tumino (27/9/1954), orgulloso de sus tres hijos (Gustavo es dirigente actual), y el mandato de la sangre se repite porque “mi papá fue tesorero cuando se habían los grandes bailes y yo me dormía en la mesa de billar”.
“Soy fanático de San Martín”, responde Adrián Ovejero, que tiene el orgullo de haber jugado con “el Chango Cardenas de técnico, soy clase ’75, hijo de José “Matosas” Ovejero”, colaborador permanente, para marcar con líneas de cal los límites del campo y colocar las redes, labor sacrificada que primero vio a Rodolfo Hernández. “Le decían así por un ídolo de River, pero ya no le importaba River, mi viejo, que se fue hace tres años, me pedía que lo lleve a ver a San Martín”.
El “Chueco” Amico era de esas personas que en silencio aportaban otros granitos de arena, “me llevaba las pilchas a casa y también dirigí a la Cuarta”, acotó este caballero. Otras personalidades: Ruben “Tarija” Selgas, delegado del equipo campeón (llevaba siempre a su hijo “Lucho” a ver partidos de Liga desde muy pequeño); “El Gordo” Micuzzi (tenía el buffet y ofrecía las empanadas más ricas en la Sede).
Juan Carlos Balparda (padre del arquero figura, Gerardo Balparda, fallecido a causa del Covid) fue otro de la legión de dirigentes, que en 1986 encabezó un movimiento parala Asociación Mutual de ex jugadores y técnicos de la Liga, un proyecto inédito. Y “Pachi” Rapetti, aquel ya pelado bonachón que estuvo a cargo de la subcomisión de fútbol en la histórica vuelta olímpica. La época fue fructífera en obras materializadas, como la del año ’81 con la cancha de siete y la del ’85 con la mejora del alambrado en la grande.
Hoy Laureano Ferreyra está al frente de un proyecto de futuro, inspirado en la mesa de la CD con muchachos que dirigía su padre: “Mincho” Cruz, “Beto” Medina, y colaboradores como “Lalo” Marchessi, por citar algunos. Y “Laly” (nacido en el ’76) tiene corazón y empuje tan grande como cuando con su cuerpo de gran estatura logró el segundo título en 2013.

“Acá vivo, justo detrás del arco, desde los once años”, dice Juancito Aimola (casado hace 63 primaveras con Ceci), y está preparado para disfrutar del tributo que traemos desde la Liga.
“Me tengo que cuidar, tengo unos pirulos… ya estoy jugando el tiempo suplementario”, nos saca una sonrisa quien fue Vice y en 1990 sufrió el descenso de San Martín pero la revancha estaba al toque, en 1991, campeones de la B.
“¡En el barrio todos eran amigos, y a la Comisión la hacíamos entre los vecinos y los jugadores”,resaltó ó Dameno, quien militó en el partido justicialista, pero “no quería hacer una cuestión ideológica en el club, que era nuestra casa”. Allá por el ’76 caía el gobierno de Perón y afloraron distintos temas entre la propia ciudadanía… Ah Osvaldo, como capitán, colgó los botines pero no dejó a San Martín ni a la Liga. El destino le dio la alegría del campeonato cuando recién era un joven abogado (y colaboró con la Liga en un conflicto que paró el torneo del ’81).
Se viene una cita con la historia misma y la emoción, esa garantía de victoria que sucede cada vez que salimos a los clubes para celebrar otra vez con “Los grandes campeones de la historia”.



