Adiós “Chango” Cardenas, amigo y campeón de la Liga

Gabriel Alejandro “Colo” López

Después de una vida plagada de batallas, de altas y bajas, de muchos amigos y quince años de Liga, nos dejó Horacio Martín Cardenas (6 de febrero de 1950 – La Plata, 7 de diciembre de 2025 – La Plata) y el fin de semana nos dolió la noticia, y la película de nuestro hilo invisible que nos conecta a tanta gente liguista nos sacara a un grande, como sin dudas fue “El Chango”, adentro y afuera. Su apodo que iba atado a un ídolo de Racing, Juan Carlos Cardenas, el santiagueño que clavó el zapatazo para el gol de la Intercontinental de Racing. Nuestro “Chango” se quería entre los equipos amateurs de la década del ochenta, con tres camisetas defendidas con la 6 y con vueltas olímpicas, una en cada lado: Trabajadores Municipales, San Martín de Los Hornos y Everton (dos en la B y una en la Divisional A, en 1983, con una hinchada que lo coreó y donde fue DT más tarde, en la década del noventa. El Santo estaba hecho a su medida.
Es que Martín Cardenas caminaba Los Hornos, su barrio, con una empatía singular, receptivo a los que desean ayudar a quienes lo necesitaran. Tal vez de chico sabía de necesidades, al ser el decimocuarto hijo (el menor) del matrimonio entre Félix León y doña Magdalena. Pero lo llenaron de cariño y eso lo volcó a su hogar, cuando encontró el amor de su vida Mónica Mollo (se casaron el 14 de junio de 1973) y sus hijas, Gabriela, Verónica y María Eugenia.

Cuando el físico había ido en caída, el ánimo siguió alto con los nietos Juan Martín, Camila, Benjamín, Agustín, Santino y Yasmín.
Y cuando el año pasado la Liga Amateur y San Martín juntamos al plantel del ’83 en Los Grandes campeones de la Historia, como denominamos al ciclo de homenajes, El Chango fue ovacionado y a su hija Verito le cayeron las lágrimas al verlo otra vez con los amigos de siempre, los del club.
La pelota no faltó en sus gustos desde pibe, con el potrero, con El Relámpago que en canchita reducida hacía capote en los torneos nocturnos. Fue invencibles junto a Vergini, el “Lobo” Millán, “Peche” Gómez (también el “Loco” Manuel López). Con los tres primeros, Trabajadores Municipales logró el ascenso en 1981 a la división mayor de la Liga.
Después, Cardenas, Millán y Gómez (defensor, mediocampista y delantero) iban a demostrar en San Martín de Los Hornos un subcampeonato en 1982 y el título de 1983, el año que fueron al Regional de AFA.

Cardenas, DT, le entrega distinción a Pechito que se despedía de la Liga como goleador

Con las complicaciones de la salud después de la pandemia, este gran tipo tuvo que bancar un poco la mala de un cuerpo ya desgastado pero que no afectó las ganas del alma para emitir sonrisas, retornando a él todo lo que había dado.
Y lo vimos en el homenaje, con el bastón, haciendo doblete en su presencia de honor: primero brindando en la sede y después levantando su pergamino en la cancha de 58 y 145. No estaba ya “El Conejo”, su técnico en esas hazañas inolvidables, pero lo abrazaba con fuerza el hijo, Laureano Ferreyra, que también llevaba su número, el seis. De aquellos muchachos con grandes capacidades técnica, la vida nos quitó antes de tiempo a Gerardo Balparda, el arquero, y a otro de la defensa, “Cacho” Ledesma.

Martín Cardenas, el último de la fila de parados. San Martín de 1983




“¡Qué clima!… Qué feliz jornada en que recordaban anécdotas…! Si hasta los muchachos que estuvieron poco tiempo se integraron” dejó el testimonio Ramón Nuñez, uno de sus ex compañeros.
Cardenas fue uno de los hombres aguerridos que respondía al llamado de los amigos y por eso fue a Everton cuando el “Decano” necesitaba rearmar un gran plantel en su difícil misin de volver a afiliarse a la Liga. Y con su capitanía, en el fondo, con Carlitos Mazzacane y Walter Casamayou, con “Pechito” Romano (al que quería con locura y ahora encontrará en el campo de las almas), fue que salieron primeros y ascendieron junto a Gutenberg.

Capitán en el Everton campeón de la B en 1988.

Con su amigo querido Ruben “El Lobo” Millán
Con su mujer Mónica y la camiseta del Lobo
La ronda de la felicidad. El encuentro con los campeones después de 42 años