Carlos Saenz: en su memoria revivimos una historia de familia, luchas y logros de la Asociación Brandsen

«Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar»

Cuando muere un hombre como Carlos Alberto Saenz, uno de los Presidentes que marcó un camino, no importa qué club, cuándo lo hizo ni dónde, y nos sale una verdad desde el alma: “los grandes no se van nunca”. Un poco de nosotros se va con ellos, o un poco de ellos queda siempre con nosotros.
El 2023 nos llevó para siempre a Oscar Barroso, histórico técnico de Estrella y Fuerte Brragán; al «Yeye» Luis Recce y al «Negro» Marcelo Fortes, presidentes de Everton que lo apuntalaron en distintos despegues, a Carlos Pérez, formador del CF 5 de Mayo en la Liga durante la década pasada, y el último día del año tocó el destino a Saez, quien fuera presidente de la Asociación Coronel Brandsen entre 1984 y 2002. En estas líneas, la LIGA AMATEUR PLATENSE DE FÚTBOL quiere entrar en ese mundo de la nostalgia que nos revive en el alma al luchador dirigente, con una obra, una actitud, alguna frase, o campaña que llenó una cancha de emociones.

Carlos nació el 6 de julio de 1944 en el seno de una familia donde su padre había dejado huellas en el surco de las instituciones de bien público. Cecilio Saenz fue socio fundador de tres clubes: Estrella de La Loma, Azcuenaga y Esteban Echeverría. “Salí a él, con pensamientos dirigenciales”, llegó a evocarlo Carli.
Casado con Elba Filattiera, en 1968, pudieron comprar una casa cerca de la Plaza Brandsen, sobre el diagonal 93 (uno de los cuatro diagonales que desembocan en la misma), 26 y 61. En ese paisaje barrial conoció al vecino ilustre, Francisco Varallo (figura del seleccionado nacional en el Mundial de 1930).

Los tres hijos varones completaron el equipo de Carlitos: Diego de 1971, Gabriel de 1976 y Leandro de 1985. Fue en 1979 cuando se introdujo en otra familia más grande, la de Coronel Brandsen, que recién se iniciaba en LIFIPA, con camiseta naranja y alquilaba distintas canchas para jugar de local.
Cuenta la historia de sus primeros alegrones en el club que cuando Diego Saenz fue al club quiso hacer básquet pero terminó con la pelota de fútbol. Integró una 71 con futuros jugadores de la primera: Carlos Macchi, Gastón Bavaro y Alejandro Raimundo.
Y cuando Gabriel Saenz fue al primer entrenamiento le pusieron Hueso, corriendo la pelota con pibes que eran un año mayor. Ese apodo con el que hoy lo conoce la LIGA, en el Senior, fue «por un amigo de mi hermano, que era del barrio, Cristian Wilt, fue quien me gritó: “dale Hueso… no tocás una”.
Leandro Saenz jugó hasta Reserva pero tuvo un gustazo para sus padres: en la última fecha de 2003 habían logrado jugar un ratito junto al su hermano Gabriel, en la cancha por la que tanto laburó Carlos.

Don Saenz no hubiera hecho historia en este mundillo deportivo sin su señora. La razón fue el corazón, la propensión a hacer amistades. Hubo tres familias que perdurarán para siempre juntos: la del “Gordo” Oscar Martins Serrano e Irene (padres de Javier, arquero de la 72); la de Hugo Raimundo y Alicia (seguían a Alejandro en la 71 y a Pablo en la 75), la de “Tito” Aparicio Rosas y Mirta (padres de “Tony” de la 73). Después del trabajo y el club solían irse de vacaciones juntos a algún lugar, preferentemente en la costa, donde los Saenz tenían una casa.

Familias. En el centro, Saenz (Presidente de Brandsen de 1984 a 2002), con Martins Serrano y Ramundo.

Todo empezó una vez en 42 y 133, donde jugaban de locales, Club El Porvenir Platense, cancha que se llamó popularmente como “La Vaca Echada”. Carlos Saenz y Hugo Raimundo, que veían jugara sus hijos un partido de la 71, vieron una cierta desorganización y pensaron: “Vamos el lunes a la reunión que hacen los técnicos en la Sede”. Cuando llegaron a hablar con el “Corcho” Jorge Mattia y Alejandro Nicoletti, la reacción espontánea fue: “¡Por fin alguien que viene a colaborar!”. Se armó la subcomisión de padres, y al poco tiempo ellos pensaron en algo superador: mejorar al club en general.
Se presentaron a elecciones, perdieron ante los vitalicios, pero se prepararon y ganaron las elecciones en una asamblea de 1984. Carlos Saenz fue elegido Presidente y lo esperarían 20 años de lucha.
”La fuerza que tenía Carlitos. Llegó un momento que tuvimos que afrontar todo el club y había que recaudar”, rememora Hugo Raimundo, tres meses mayor que el recordado amigo.

Gabriel Saenz mete un gol para la 76 de AC Brandsen en una de las canchitas de los comienzos

Había otro inclaudicable, apasionado por el fútbol, Luis Tarquino, padre de un gigante de la 75, Lautaro.
Un día de verano de 1985 “Lucho” recibió la visita de un ex futbolista profesional, Ruben Di Bastiano, quien había nacido en el barrio, en 26 entre 60 y 61, y su padre había jugado mucho a las bochas. “Teníamos un equipo y veníamos disputando campeonatos zonales. Habíamos organizado la Copa Coca Cola, y para el centenario de La Plata se hizo uno entre cafeterías”, cuenta el Tano. El que los conducía, Horacio Ortíz, les propuso el desafío de entrar a la LIGA.
“Dejame que hable con el club de mi barrio”, le contestó Di Bastiano. En una reunión, Saenz y Tarquino les explicaron firmemente: “Le damos las instalaciones y el nombre, pero ustedes se encargan de pagar porque no hay plata”.
Tarquino será un símbolo del club: ingresó en 1981 y permanecerá veintitrés años ininterrumpidos. Partió de este mundo con un profundo amor por los colores.
El 24 de noviembre de 1985 ya estaban dando la vuelta olímpica, en cancha de Tricolores, tras ganarle 2 a 1 a For Ever en la última fecha del Cuadrangular que otorgó dos ascensos. Brandsen fue primero e invicto en el año.

Revista «Competencia», que salió en La Plata con la cobertura de todos los deportes.

Aquel grupo hizo una buena presentación en la A en 1986, pero el desgaste propio de afrontar la Liga y sus costos (afiliación, policía, arbitraje y alquiler de cancha), hizo que gran parte del plantel se disolviera. Falta de colaboración económica de algunos, para “la cuota”, o un poco de viveza criolla.
Brandsen no se desafilió, pero la estructura del fútbol mayor pasó a manos de la CD que presidía Saenz. La historia del “Coronel” continuó a pesar de no contar con cancha. La localía fue en San Martín de Los Hornos.
Asimismo, nuestros torneos de la LIGA AMATEUR PLATENSE eran muy distintos. Para la  temporada de 1987 pasó a ser obligatoria la Cuarta división. Brandsen, predestinado a buenos debuts, logró el título con un entrenador de moda, Nicoletti, que se había iniciado en infantiles del club y en ese momento trabajaba en Gimnasia (aún hoy lo hace como coordinador). Lo ayudó mucho Tarquino, quien asistía como delegado a la Liga y cuando no podía iba su mano derecho, Walter Cobos.
De esa Cuarta saldrá el primer jugador forjado en el club que será emblema del primer equipo varios años, Roberto Bazán, el “Tata”, un número 6.
El 9 del primer título de Brandsen en la A fue Leonardo Trinchín, quien resultará un caso histórico: fue comprado por un empresario y transferido a Bélgica, en 1990, cuando en Europa solo jugaban un puñado de argentinos. Además, Trinchín tuvo la compañía de otro joven que apareció como goleador en la reserva de Brandsen, Claudio Santacrocce. Mi pase era de la Liga. Brandsen accedió a un dinero que mandó el empresario. Saenz accedió. Me hicieron una despedida con comida y plaqueta. Y tuvimos que ir a hablar a la Liga, que es la que tenía el poder del pase”, recordó Santacrocce.

La Cuarta de 1987, primer título en la «A». Ese año, Saenz y la CD se hacían cargo del fútbol en la Liga

El mayor capital es el sentimiento y la audacia más linda es la iniciativa, en tiempos de riesgo país, como en casi todos los tiempos.
Las instalaciones de la AC Brandsen también lucían muy distintas a las que conocemos hoy. Funcionaba un Jardín de Infantes Nro 1248 “Pinocho”, que contaba con su directora Lidia Laserre y maestras subvencionadas, para tres salitas y un solo turno. Saenz, Serrano y Tarquino eran los representantes legales.
En verano funcionaba la Colonia de Vacaciones en la pileta abierta. “Con Elba —la mujer de Carlitos— desagotábamos la pileta y nos poníamos a barrerla. Era hacer parrilladas y la trasnoche limpiando el salón”, cuenta a sus 77 años Alicia de Raimundo, cuyo cumpleaños coincide con el de Brandsen: 2 de marzo. Cuando pasaba el verano, el sector donde jugaban al vóley volvía a ser usado como canchita de entrenamiento del fútbol infantil.
Empezó a ser furor el Padel y la gestión de Saenz hizo dos canchas. Fue uno de los caballitos de batalla para ahorrar dinero con el fin de adquirir un predio deportivo, para poder tener la cancha de 7 propia, y en un futuro la de once.
Aquel predio se encontró en el barrio El Retiro, “30 mil metros cuadrados”, como lo nombraba don Saenz. El sábado 28 de mayo de 1995 se hizo la inauguración, recibiendo por la 10ma fecha de LIFIPA a Las Malvinas. Asistieron el presidente de dicha liga infantil, el español Paulino Navajas, y para alegría de muchas familias (especialmente Pincharratas) llegaron el entrenador Daniel Córdoba y Diego Capria.

Brandsen daba otro salto en su infraestructura, ya que tenía el salón especial para fiestas remodelado para 400 personas, con amplio escenario renovado, cocina, que se alquiló para eventos culturales, empresariales y fue lugar elegido por la LIGA y clubes para distintos festejos. En ese salón ACB celebró sus 50 años, con el intendente Dr. Julio Alak en la mesa principal.
El fútbol, una debilidad de Carlitos, tripero de alma, pero más fervoroso de Brandsen. Le gustaba ver con la 10 a Alejandro Raimundo, quien jugó poco en la Primera y se recibirá de médico.
Y amaba ver los juveniles del club. Lo acompañaba con todas sus fuerzas y hechos concretos: la Cuarta viajó dos veces a Brasil a principios de los 90, al Estado de Río Grande do Sur, gritando un gol de su hijo Gabriel en un triunfo 3-1 ante Capao da Canoa. Carlitos presidió la delegación, acompañado a los DT Alejandro Nicoletti, Raúl Di Cola, Eduardo Castelli y Daniel Geller.
“Hay que subir a los chicos, tenemos que mecharlos”, era el idioma que hablaba aquella Comisión, que veía debutar en el arco a Carlos Macchi, “Pipo” Raingo, Pablo Carretero, Mauricio Girotti, Pedro Verde y Mauro Grecco, entre otros.
Se peleaba el descenso y de San Martín pasaron a la localía en Villa Montoro.

En 1998 empezaron  mover las montañas de tierra que estaban a un costado de la cancha chica. “Esas tierras, con pala y motoniveladora, fueron adonde hoy tenemos la cancha principal”, evoca Germán Sánchez, que empezó a colaborar con una categoría, antes de ser el presidente que más títulos ganó en Primera. “Arranqué con Saenz, Raimundo y Martins Serrano. A Carlitos y a sus hijos los conocí del barrio, porque vivían a la vuelta de casa”. Claro, las familias Saenz y Sánchez, símbolos de Brandsen, se tocaban por los patios.
“Cuando empezaron la obra ya frecuentaba Coco; me siguió a mí. Hizo muy buenas gestiones y ahora sigue el hijo”, decía Carlos Saenz en una nota con este periodista, hace dos años.
Aceleraron por la cancha de mayores, con las vicisitudes que siempre demoran. El alambrado estaba pago, pero la empresa quebró, y sin embargo, el dueño, hombre de palabra, apareció por 161 con los rollos de alambres.
Avanzaron con la construcción hasta la habilitación por parte de la LIGA, Saenz, Raimundo, Martins Serrano y un par de hermanos laboriosos, Raúl Di Cola (que dirigía a las inferiores) y el recordadísimo Emir Di Cola, “Chiche” (en los años ’70 fue clave en las obras de la pileta olímpica junto al «Coco» Norberto Sánchez y Jorge Moracca)
Donde estuvo lleno de piedra y vidrios creció el pasto, se montaron vestuarios y Brandsen salió por primera vez de local, en el Apertura 1999.
Ese mismo año, mientras peleaban por no descender, en el Clausura casi son campeones. Una nota de un diario tiene a Saenz y los Di Cola evocando la mejor campaña. “Por unos minutos éramos campeones, terminamos atrás de Deportes Sur, porque Lucas Lobos erró un penal y no nos alcanzó, pero igual festejamos: salimos segundos y nos salvamos del descenso”, se emociona Raúl Di Cola, quien fue amigo de Saenz y sobrino del legendario Pancho Varallo. El mismo goleador de Gimnasia y Boca, llegó a la cancha de once el 25 de mayo de 2000, que fue bautizada con su nombre.

El primer subcampeonato en la «A» en el Clausura de 1999, mismo año de la inauguración de la cancha

En 2001 Brandsen ya tenía armadas todas las categorías, y logró el título de Tercera (Clausura) por primera vez en la historia, dirigidos por Osvaldo Peláez.
La Liga vio entrar por última vez a Saenz, y entre los dirigentes que estaban, hoy tenemos el orgullo de mencionar a dos de los amigos que forjó en la relación entre clubes, Raúl Ricciardi, de Tricolores, y Gustavo Fracassi, de For Ever. “Carlitos era callado, pero era un laburante cabal, y de un humor sutil”, sintetizó el de El Mondongo.
“Yo seguí los pasos de mi viejo, me transmitió el amor por el club y por el oficio (imprentero)”, evoca Gabriel.
“Se perdió la fuerza de la juventud, se fue cansando el grupo y legó el momento de dar un paso al costado. Coco había descansado muchos años y tenía la fuerza para emprender todo lo que se hizo después, tribuna, cabinas”, decía Carlos, quien se había jubilado en Tráfico y cerró la imprenta.
Cuando papá Carlos ya no estaba, Brandsen consiguió sus laureles soñados al coronarse bicampeón 2007-2008 de la LIGA.
En aquel chalet en Las Toninas se siguió mencionando a Asociación Coronel Brandsen, con la visita de aquellos amigos del club que había dejado la siembra y cosechaban sonrisas, abrazos y los recuerdos de un tiempo fructífero.
La vida después escribe otros destinos.
Cuando muere un hombre como Carlos Alberto Saenz se va, esos Presidentes que hicieron camino, no importa en qué club, ni cuándo lo hizo, se lo recuerda con esta misma emoción de quien escribe. Y un poco de nosotros se va con ellos, o un poco de ellos queda siempre con nosotros.